domingo, 3 de mayo de 2009
lunes, 9 de febrero de 2009
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Teodoro R. Darnott, al escribir estas memorias me inspira el deseo de que sean publicadas. También que copias de estas memorias sean entregadas a las siguientes personas:
A mi hija Ana Cecilia Darnott López.
Valentín Santana, colectivo social la piedrita 23 de Enero Caracas.
Gerencia o presidencia de Monte Ávila, Editores Caracas.
.
Muslim Teodoro Rafael Darnott (Abdullah)
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Bismilahi Rahmani Rahim
En el nombre de Alah el clemente y misericordioso.
Dedicatoria
A, Alah, mi Dios Todopoderoso. A la memoria de mis padres Ana Cecilia Darnott Vera y Antonio García. A mi querida hija Ana Cecilia Darnautt López. A la UMMA Islámica Mundial y en especial a todos los Musulmanes Latinoamericanos. Al pueblo Wayuu. Al pueblo Venezolano. A América Latina y al mundo; con todo mi amor les dedico esta obra como un aporte al proceso revolucionario y libertario de los oprimidos del mundo.
Insha Alah sirva para iluminar un nuevo y más glorioso destino.
Muslim Muyahid Abdul-lah
(Teodoro Darnott)
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Mi Testimonio
Nací el 18/04/55, en ciudad Bolívar, Distrito Eres de el Estado Bolívar, en Venezuela. Hijo natural de Ana Cecilia Darnautt Vera y Antonio García, Mi madre una campesina que huía de la agresividad domestica en su primer matrimonio. Salvajismo que como una maldición ancestral, continuaría viviendo con su segundo conyugue y que hizo de mi, un hijo de la violencia y de la calle, a una temprana edad.
Creo, ¿que? en la formación de este delincuente que he sido, han contribuido varios factores de tipo familiar, social y cultural. Mis padres fueron, personas muy trabajadoras y honradas a toda prueba. Dos problemas, afectaban a la familia: la violencia y la inestabilidad.
Reconozco que desde niño, nací con la rebeldía y el mal metidos en mi cuerpo. Era el dolor de cabeza de mis padres.
Mi madre tenía muchas veces que mantenerme atado con una cadena y un candado en mi pie. Estando muy pequeño me fugue dos veces.
Para los vecinos, era un diablito. Arrebata el sombrero de los mayores y me lo llevaba corriendo. Pegaba colillas con goma de mascar en los zapatos de los borrachos, para quemarle los callos y luego verlos saltar y maldecir. Golpeaba los clavos en la cabeza para luego huir. Hacia mil diabluras.
Cuando los mayores me echaban mano, me torturaban retorciéndome las orejas, golpeándome la cabeza todo lo que querían. Tenía mucho odio y tendencias homicidas. Torturaba insectos un día tome un gato y trate de matarlo en oculto. Teniendo apenas, unos diez años, con un arma de pescar intente matar a mi padre. Por esta razón me vi obligado a huir de la casa, y a partir, desde ese día me convertí en un niño de la calle, un delincuente infantil.
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Mi vida transcurrió en las calles. Dormir en la tierra y tener como techo las estrellas. Trate de acercarme a la familia por parte de madre. Luisa Elena Darnott, una de mis medias hermanas, me dijo, no tengo hermanos negros. Era un niño cuando recibí aquella dura respuesta. Desde aquel día consideraría mi sangre de negro como una maldición que me negaba la posibilidad de tener una familia. Jamás me reconocieron como tal, ni pudieron perdonarme el gravísimo pecado de haber nacido con sangre negra.
Desde la infancia viví condenado a la soledad, a la sobrevivencia en las selvas de cemento de Venezuela. Muy niño, conocí los calabozos, tanto en la policía de Maturín como en la de Ciudad Bolívar. Me ponían junto con los delincuentes adultos para que me violaran. De niño ya era solicitado y un huido. Como adolescente, fui ladrón y cobrador de peaje en los cerros de Caracas. Conocí la droga y el licor. A los dieciséis años no sabia que hacer con la vida. Estaba cansado de la calle. No tenia donde ir; era un joven sin familia a quien acudir. Parado en medio de la gran capital, rodeado por multitudes y sumido en la más grande y espantosa de las soledades.
El Ejército era una salvación, me presente por primera vez y no me recibieron por la poca edad. Mi vida era la de un Juan parao sin tener ningún destino. En enero de 1.972, me volví a presentar y en esta oportunidad mentí sobre la edad para que me aceptaran. Recuerdo que el medico no quería aprobarme por causa de mi contextura y edad. Decía que no aguantaría. Le conté mi situación, cualquier cosa para mi no seria peor que la calle. Fue un alivio para mi verme bañado y vestido de uniforme, rumbo a un lugar donde dormir en cama y comer caliente. No importa cuanto tuviera que sufrir, allí estaría mejor.
Mi conducta en el ejército fue mala. Casi dos años después fui lanzado a la calle. Me había acostumbrado al uniforme pero no presentaba ningún cambio de conducta. Era un delincuente institunacionalizado. Trabaje en la policía del Estado Monagas. Y me case con Maria Elena López. Luego trabaje en la policía de Anzoátegui y Aragua, en todas partes observe mala conducta. Hice un curso de detective privado bajo la matricula 260671-C del instituto de policía científica Simón Bolívar.
Este curso lo abandone, renuncie a la policía de Aragua, para trabajar en Caracas como investigador privado. Al poco tiempo me mude a esa ciudad con
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mi esposa Maria Elena y mi hija Ana Cecilia, llegamos a vivir en el helicoide en calidad de familia damnificada. En Caracas, sin titulo alguno logre colocarme al servicio de las mejores agencias de seguridad e investigaciones. Clave uno de Ángel Urueña Almolda; Cinco cero de Vidal Castro, Sicoin de José de Jesús Navarro Dona, GPS, grupo profesional de seguridad de José Gabriel Lugo Lugo, antigua I.C.I. Investigaciones Comerciales e Industriales de Luis posada Carriles; también trabaje en Correproca, una empresa de escolta adscrita a la división 33, custodia de personalidades de la DISIP. Logre entrenarme en la mejor academia de artes marciales del momento, la de Marcelo Planchar, ubicada en la Urb., las Mercedes. En fuerte tiuna me entrene en tiro al blanco.
Mi nueva vida seguía siendo la un hombre pobre, pero había mejorado notablemente. Todos mis estudios eran por medios autodidácticos. Cuanto ganaba lo votaba en los bares de la Av. Nueva Granada. Mientras mi pobre esposa trabajaba como dependiente en una tienda, para soportar el gasto del hogar. En muchas oportunidades pasaba frente a la casa llevando otras mujeres en la parrilla de mi moto. Con inmenso dolor hoy tengo que confesar haber repetido en ella la violencia, heredada del carácter de mi padre. Hasta las mismas palabras usadas por mi padre contra mi preciosa hija. Un día le di un golpe a Maria Elena y le desprendí el pabellón de la oreja la cual casi pierde. La lleve a una clínica privada donde para no denunciarme el medico me cobro muy caro; luego abandone a mi esposa y a mi hija. Lo hice porque reconocí en mí un hombre malo y temí hacerles un daño mayor. Así se lo confesé a mi esposa. Las amaba, mas no confiaba en mí, ¿Cómo podía hacerles promesas de cambios que no seria capaz de cumplir?
Me fui del hogar abandonándolas a su suerte. Tome un bus para la ciudad de Maracaibo sin siquiera conocer a alguien en esa ciudad. El primer lugar donde dormí fue en el Paseo ciencia, en la cede principal del M.I.R. Movimiento de Izquierda Revolucionaria; trabaje para la agencia de detectives privados de Manuel Felipe Moreno, también con el detective Carlos Omar Arenas, con quien me unió una gran amistad, mas que un amigo fue como un hermano. Los compañeros de trabajo me consiguieron alojamiento en la casa de Antonia Gómez en el barrio Carabobo al sur de la ciudad, allí conocí a Maribel Atencio Rivas.
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No me enamore de ella por el recuerdo de mi esposa, solo la necesitaba, pero sus padres se opusieron a esta relación por lo que no me quedo más que robármela. Como con consecuencia de esto pague catorce días preso por un tribunal, pues ella tenia tan solo quince años de edad. Cuando salí en libertad fui y la volví a robar. La familia me la volvieron a quitar, esta vez después de darme una buena paliza.
Solo y despechado me aventure por los barrios de la periferia, bebiendo en cada bar que conseguía en mi camino. Así llegue a un barrio Wayuu donde se veían hermosos chinchorros colgados en las lumas (enramadas), mujeres vistiendo mantas de vistosos colores. En mi sentí el misterioso llamado de esta raza, la invitación a vivir la cultura.
Mi vida con el pueblo Wayuu
El día de mi llegada al barrio indígena unos malandros trataron de robarme y una familia Wayuu me defendieron. En agradecimiento les brinde unas cajas de cervezas. Pasamos varios días bebiendo. Cuando se me acabo el dinero, echamos manos al chirrinchi. (Bebida hecha de panela fermentada que hacen los Wayuu). Dormía en un chinchorro al aire libre. En las noches asistíamos a la Yonna, danza al son de la Kasha (tambora Wayuu). En poco tiempo fui absorbido por la cultura Wayuu y poseído por los espíritus de los Yoluja (espíritus de los indios muertos). La danza y el sonido de la Kasha junto con los vapores del chirrinche, encendían mi sangre. Sentía como una extraña fuerza que me impulsaba hacia el ruedo, donde se desafiaban los danzadores. Aprendí a danzar la Yonna y a hablar el Wayuunaiki, idioma Wayuu. Para completar mí estancia en medio de este pueblo me uní a una mujer Wayuu mestiza y nos mudamos a vivir a una invasión de tierra llamada Etnia Guajira. Seria aquí en esta donde me convertiría en el comandante insurgente Teodoro. Trabajaría y lucharía por crear un Movimiento Guerrillero Indígena. El M.G.L.N. Movimiento Guaicaipuro por la Liberación Nacional.
El día de mi llegada al barrio indígena unos malandros trataron de robarme y una familia Wayuu me defendieron. En agradecimiento les brinde unas cajas de cervezas. Pasamos varios días bebiendo. Cuando se me acabo el dinero, echamos manos al chirrinchi. (Bebida hecha de panela fermentada que hacen los Wayuu). Dormía en un chinchorro al aire libre. En las noches asistíamos a la Yonna, danza al son de la Kasha (tambora Wayuu). En poco tiempo fui absorbido por la cultura Wayuu y poseído por los espíritus de los Yoluja (espíritus de los indios muertos). La danza y el sonido de la Kasha junto con los vapores del chirrinche, encendían mi sangre. Sentía como una extraña fuerza que me impulsaba hacia el ruedo, donde se desafiaban los danzadores. Aprendí a danzar la Yonna y a hablar el Wayuunaiki, idioma Wayuu. Para completar mí estancia en medio de este pueblo me uní a una mujer Wayuu mestiza y nos mudamos a vivir a una invasión de tierra llamada Etnia Guajira. Seria aquí en esta donde me convertiría en el comandante insurgente Teodoro. Trabajaría y lucharía por crear un Movimiento Guerrillero Indígena. El M.G.L.N. Movimiento Guaicaipuro por la Liberación Nacional.
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Cinturón de Miseria
Con el pueblo Wayuu que habita en los barrios de la periferia de la ciudad de Maracaibo me toco vivir el más inhumano drama de la pobreza. Otro mundo, donde se combinan cultura y miseria. Este drama comienza con la toma de la tierra, en las llamadas invasiones. Como la comunidad Wayuu no tenia para comprar la tierra. La necesidad de esta se resolvía por medio de las invasiones. Luego tocaba defender la invasión, contra la Guardia Nacional y la policial Regional. Aquellos espacios se convertían en autenticas campos de batallas. Disparos de perdigones, gases lacrimógenos y plan de machete. Eran las armas de la Guardia y la policita, además del fuego para quemar los ranchos, los enceres domésticos. En algunos casos hasta personas fueron quemadas. Los Wayuu se defendían con las junayas (hondas para lanzar piedras) y bombas incendiarias. Tantas veces desalojaban el terreno, otras tantas era vuelto a ocupar. Había rebeldía y dignidad indígena en la lucha por la tierra. Después llegaba la victoria. Así se iban levantando las rancherías Wayuu en el área perimetral de Maracaibo lo que denomino Cinturón de miseria.
Así pagamos el precio de ser indios y marginados, invasores en nuestra propia tierra. En estas tierras están nuestro sudor, sangre y lágrimas. Por eso para recordar a las generaciones futuras el precio pagado por nosotros, les colocamos nombres que recuerden nuestro dolor y nuestra lucha. Los planazos. La revancha. La resistencia. La nueva lucha;
Aprendí a cantar el jayeechi, canción Wayuu que cada uno compone para relatar sucesos de su vida. Me convertí en un Wayuu. Hasta tal punto que se llego a dudar sino era mestizo. El hambre, la enfermedad y la muerte de mengua, formaban parte de la realidad que vivíamos día a día. Alto índice de desnutrición y mortalidad infantil, analfabetismo, inconciencia e insensibilidad ante el propio drama de muerte en que vivíamos. Pues la muerte cohabitaba con nosotros. Dormía en nuestros chinchorros y se sentaba a la mesa como un miembro más de la familia. También me enferme gravemente de tuberculosis. En la comunidad indígena, a los enfermos casi siempre se les abandona, pues se convierten en un nuevo peso, que agrava la difícil situación al no disponerse de los medios económicos. Y es que ni siquiera los hospitales públicos dejan
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de generar gastos, por esto prefieren esperar pacientemente la muerte, para hacer un solo gasto.
Enfermó como estaba, me sentí desamparado en medio de tanta pobreza. Un día me acerque a un culto evangélico. Campo la roca se llamaba. Era un lugar al aire libre. Había allá algunos rudimentarios lugares donde sentarse. También una mesa que hacia de pulpito, donde alumbraba una lámpara de petróleo que atraía a cientos de insectos, los cuales tercamente posaban sobre la rustica mesa. Algunos indígenas oraban o cantaban. Hasta a ese lugar llegue buscando una ayuda divina, ante la carencia de una humana. No hable con nadie mas que con Dios, doble mis rodillas frente a un tronco de árbol y comencé mi dialogo con el ser supremo. Como quien habla con su prójimo. Le hable de mis pecados cometidos hasta ahora. De mi hipocresía al buscarlo cuando estaba enfermo y no haberlo hecho estando bien. Que quizás yo solo le buscaba para ser sanado, pues tenia la seguridad de que una vez sano no haría ningún esfuerzo por cambiar mi vida. Pero por lo menos lo intentaría. Esta oración me salía del alma misma. Derrepente me quebrante en llanto. Todo mi cuerpo se sacudió y mis ojos me dolían, lo mismo mi garganta. Era un llanto incontrolable. Me dolía el pecho y la cabeza. El llanto me ahogaba. Aquello era algo extraño. Mi cuerpo había sido tomado por una fuerza que me estremecía. Los hermanos Wayuu se acercaron y oraron por mí poniéndome las manos en la cabeza. El pastor me pidió permanecer congregándome con ellos.
Desde la iglesia indígena comencé a entender un llamado de Dios para trabajar y luchar por el pueblo oprimido, mas no sabia cuando y como hacerlo. Mi primera idea fue hacer la lucha de liberación desde la iglesia evangélica.
Esta es la única razón que me llevo a involucrarme con la iglesia evangélica venezolana. Buscaba en la iglesia un autentico apoyo para un trabajo liberador de la situación de miseria. Entendían que este trabajo comienza por concientizar y sensibilizar a los Wayuu de manera de involucrarlos en la tarea de cambiar la realidad inhumana que nos rodeaba. Por su parte la iglesia entendía que su misión principal es espiritual. Al verme tan anhelante de una importante ayuda, entendieron que solo buscaba lucrarme. Como las migajas que me dieron las gastaba en la misma búsqueda de apoyo y no en otra cosa.
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Esto dio mas fuerza al argumento del lucro propio. El caso es que fui tomado como falso. Cuando me convencí que no me darían una verdadera ayuda para un trabajo serio. Que la iglesia no estaba interesada en el drama que vivían las comunidades indígenas en el cinturón de miseria. Esto me hizo entender que para mi propósito revolucionario, este no era el camino correcto. Esta experiencia me causo una gran desilusión, a tal manera de vivir una vida de pecados dentro de la misma iglesia, no lo puedo ocultar, ni negar. Pero este hecho no niega para nada, que el propósito revolucionario que me inspiraba era noble en gran manera.
Al escribir este libro, me guía un espíritu de confesión y enmienda. Me arrepiento y siento mucho dolor por el mal testimonio dejado por mí, en la iglesia. Pido perdón por ello. Para nada apruebo estas cosas. Si de algo sirve decirlo, esta experiencia, no fue en vano para mi vida espiritual. Lo que no me sirvió para aquel entonces, me ha servido de mucho ahora. Sobre todo para mi vida moral. Nunca es tarde para aprender. Hoy tengo mucho respeto por la iglesia. Recuerdo muchas personas honorables en ella. También en la iglesia aprendí a conocer las doctrinas, unidad, dualidad y trinidad y las diferentes ideas sobre la salvación del hombre.
Creo necesario afín de poner mi vida en orden. Confesar que nunca hubo en mi una autentica conversión a la doctrina de la iglesia evangélica, a su forma de fe. No porque no quisiera. Sino porque en mi alma no compartía esta fe. En ese momento no comprendió los porque.
Hoy, pasados muchos años de aquello, estoy seguro de que la razón fundamental esta, en qué aquella fe no era en manera alguna una fe revolucionaria, rebelde e insurgente como lo es mi propia alma.
Definitivamente abandone la iglesia evangélica y regrese al mundo del chirrinchi y la Yonna. Tengo que aceptar que no soy creyente simplemente místico y futurista. Jesús dijo yo he venido para que tengan vida. Y yo solo entendía que vivía junto con el pueblo Wayuu una realidad de muerte.
Perdí a la mujer mestiza y mi próxima mujer fue Adelaida Iguaran una Wayuu de la Casta Epieyu, por parte de su padre y Epinayu por su madre Carmencita Morales. Kalapaita era su nombre Wayuu. El padre Lorenzo Iguaran, Maikuta su nombre wayuu.
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Me mude para la casa de mi suegro o tashimie, como se dice en wayuunaiki. Me hice un miembro más de la familia. En el patio funde un colegio informal y me dedique a enseñar, a leer y a escribir. Así fui ganándome el aprecio y el reconocimiento de la comunidad. Convocaba reuniones y les hablaba de la necesidad de cambiar nuestra grave situación.
Era necesario diligenciar con los partidos políticos y con los gobiernos nacional, regional y municipal, las soluciones a los problemas que nos afectan.
Mi inicio en la Política
Un día me presente en la plaza Bolívar e inicie mis primeros contactos con las fracciones parlamentarias de los diferentes partidos. La realidad en que vivía el cinturón de miseria era por demás conocida por todos los parlamentarios. Pero estos solo visitaban las comunidades del cinturón de miseria en tiempo de elecciones, para buscar los pocos votos a cambio de promesas. Los partidos y sus representantes en los gobiernos, eran tanto o mas inconcientes e insensibles que los wayuu. Solo que ellos tenían el poder. Mis visitas a las fracciones políticas y a los partidos fueron mas frecuentes. Lo mismo que mis insistencias sobre la problemática del cinturón de miseria y la necesidad de atención que estos problemas reclaman.
Ellos pedían votos a cambio de promesas y yo soluciones a cambio de votos. Presente todo tipo de solicitudes y denuncias, a cambio solo recibí dilaciones y demagogias. Cada diligencia que hacia la notificaba a la comunidad. En la medida que pasaba el tiempo mí nombre era más conocido y crecía la simpatía hacia mi persona en la comunidad wayuu. Los diarios, Panorama, La columna y La verdad publicaban mis denuncias; lo mismo las emisoras de radio. Así fui creando una imagen, hasta convertirme en un personaje querido por la comunidad y odiado por los dirigentes políticos zulianos.
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Junto con mi fama también crecieron la envidia y la intriga, por supuesto, también los ataques. Uno de los dirigentes que le hacia mas daño a mi trabajo y a mi imagen, fue Maximiliano Montiel del partido Acción Democrática.
Este no solo fue un enemigo de mi persona, también fue un instrumento de los partidos y dirigentes, contra un trabajo que ellos entendían que les perjudicaba. Pues despertaba a un pueblo marginado y lo incitaba a la lucha por sus derechos.
Cansado de la demagogia de los gobiernos y los dirigentes políticos, comencé a pensar en un trabajo revolucionario.
Revolución Wayuu
Entendí que todas las puertas y caminos para encontrar respuesta a la problemática del cinturón de miseria estaban agotados. Procedí a organizar marchas indígenas y tomas de la gobernación y alcadia. Con esto, un conflicto que estaba dormido, comenzó a agudizarse y con ello el odio y la intriga hacia mi persona. Mis enemigos políticos y personales entendieron llegado el tiempo de hacer algo con relación a mi persona y mi trabajo. Ellos entendieron que tenían que acabar con esto. La forma de acabar con un trabajo revolucionario, solo podía ser el destruir la imagen y la persona de Teodoro Darnott. En esto coincidían todos los que se sentían tocados en sus intereses por mis denuncias y acciones.
Es de esta manera que se comienza a usarse la denuncia contra mi persona, como arma política. La intriga como forma de destrucción, la persecución legal. Así fueron creándome una aureola negra. Mucha gente decía, pero ¿Por qué usted no sale y aclara su situación, no sabe que, el que calla otorga? Creo que todo tiene su tiempo y lugar. En ese momento no era para mi oportuno generar controversia sobre mi persona. Pues me podían quitar tiempo, recurso y desviarme de los verdaderos objetivos de la lucha.
Comenzaron a aparecer las denuncias como estafador, ladrón, sádico, vividor. Cuando apenas era un borracho y un delincuente no aparecieron todas estas denuncias. Solo cuando inicie la lucha social y política a favor de la
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marginalidad wayuu; empezaron a llover esta serie de denuncias. Basta con revisar las fechas y nos daremos cuenta que todas se agrupan en el tiempo en que inicie y desarrolle mi lucha de liberación. Es decir 1.986 al 2.001, diez y seis años, pero el 99% de estas denuncias se agrupan en el tiempo mayor intensidad del conflicto, entre 1.994 y 2.006, el resto de mi vida cuando verdaderamente fui un delincuente, cuando robaba, cobraba peaje y atracaba a todas las victimas con armas cortantes y de fuego. Todos esos años de delito juntos no registran un prontuario policial tan grande como el que me aparece entre 1.994 y el 2.006, los años de lucha política y revolucionaria.
A los hombres que luchamos nos persiguen, humillan y difaman y cuando no pueden con nosotros entonces nos matan. Maximiliano Montiel dirigente indígena de Acción Democrática, sus familiares indígenas y los que se beneficiaban de su trabajo político, por lucro se prestaron como instrumentos de denuncias a cambio de miserables ayudas. Se compraron los denunciantes. El objetivo llevarme a la cárcel como un delincuente común y destruir el mito de un comandante revolucionario. Lo que daría, valor a mis denuncias y a mi lucha que en realidad era el verdadero objetivo a ser destruido.
Solo, sin ningún aliado político enfrentado a todo y a todos, sin recursos económicos ni materiales, cargado de denuncias, con una imagen negra y perseguido legal y poli-militarmente, sin contar los sicarios. Así tenia que seguir esta lucha.
Entre las tomas mas importantes podemos destacar las fracciones parlamentarias del MAS. y Causa R, en el piso cinco en el edificio Don Diego donde retuve por la fuerza con el pueblo wayuu a un numero de diputados para obligarlos a intervenir en defensa de una comunidad indígena atropellada por cuerpos represivos.
Toma del consulado de Guatemala y retención del cónsul y presidente del cuerpo diplomático zuliano Olga Flores de Boscan, reseñada en primera plana en diarios regionales y cubierta por medios nacionales e internacionales. Todos los jefes policiales acudieron al lugar, el cual fue acordonado por grupos, comandos elites de los diferentes cuerpos policiales y militares. Al sitio se apersono el gobernador encargado Oscar Rincón, el cual dijo. El gobierno de la dra. Lolita Aniyar de Castro, no negocia con delincuentes. Esto lo dijo
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refiriéndose a mí. Pero a pesar de sus palabras se sentó a negociar conmigo. Como quedo reseñado en foto de primera plana en el diario panorama.
En la negociación con el gobernador, denuncie públicamente el engaño y la demagogia oficial. Solicite planes de viviendas para yukpas y wayuu. El embaulamiento de una cañada en la comunidad indígena Etnia Guajira, la cual era un foco de infecciones que causaban mortalidad infantil.
La toma finalizo sin ningún acuerdo y si con muchas amenazas contra mi persona. Esto lo vas a pagar caro me dijo el gobernador al despedirse. Una madrugada cuando dormía en mi rancho me llego el cumplimiento de esta amenaza. Mi mujer me despertó sobresaltada. Teodoro, Teodoro, despierta hay hombres armados rodeando el rancho. ¿Qué son wayuu o alijunas, (no indígenas)? Pregunte. Al momento me llego una voz desde afuera que grito, Teodoro salga con las manos en la nuca y caminando lentamente. ¿Quiénes son ustedes? Pregunte. Dirección de Inteligencia Militar (DIM.), ¿Cómo puedo estar seguro que son lo que están diciendo? No tienes otra alternativa. O sales o vamos por ti y será peor para ti. Esta bien, voy a salir con las manos en la nuca y lentamente. Cuídate de hacer un solo movimiento sospechoso o te mataremos.
Hice como me indicaron y Salí al exterior. Inmediatamente me ordenaron tirarme al suelo. Cuando lo hice un funcionario corrió y me puso su arma apuntándome la cabeza y otro me esposo con las manos en la espalda, luego entraron en el rancho y sacaron papeles escritos por mí. Nada de importancia, luego me llevaron al reten del Marite, en una camioneta f-100 color blanco, que tomo por la vía de Tule. Me trasladaron esposado a un tubo que servia para el caucho de repuesto en el vagón de la camioneta. En el camino se detuvieron para tomarme fotos. A los tres días me fueron a buscar y me llevaron al cuartel de la DIM; una casa quinta, ubicada en el sector las delicias. En esta estaban dos wayuu jóvenes, un hombre y una mujer, los dos me miraron burlones. Los conocía, eran del partido COPEI y trabajaban para la DIM
Te los presentamos para que veas que no todos los wayuu están contigo, ni aprueban lo que estas haciendo.
Según el jefe de la DIM, la orden de detenerme llego de Caracas, pero por presiones desde Maracaibo. El gobierno regional había cumplido su palabra dada en el consulado de Guatemala. Con esta detención lograron
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refiriéndose a mí. Pero a pesar de sus palabras se sentó a negociar conmigo. Como quedo reseñado en foto de primera plana en el diario panorama.
En la negociación con el gobernador, denuncie públicamente el engaño y la demagogia oficial. Solicite planes de viviendas para yukpas y wayuu. El embaulamiento de una cañada en la comunidad indígena Etnia Guajira, la cual era un foco de infecciones que causaban mortalidad infantil.
La toma finalizo sin ningún acuerdo y si con muchas amenazas contra mi persona. Esto lo vas a pagar caro me dijo el gobernador al despedirse. Una madrugada cuando dormía en mi rancho me llego el cumplimiento de esta amenaza. Mi mujer me despertó sobresaltada. Teodoro, Teodoro, despierta hay hombres armados rodeando el rancho. ¿Qué son wayuu o alijunas, (no indígenas)? Pregunte. Al momento me llego una voz desde afuera que grito, Teodoro salga con las manos en la nuca y caminando lentamente. ¿Quiénes son ustedes? Pregunte. Dirección de Inteligencia Militar (DIM.), ¿Cómo puedo estar seguro que son lo que están diciendo? No tienes otra alternativa. O sales o vamos por ti y será peor para ti. Esta bien, voy a salir con las manos en la nuca y lentamente. Cuídate de hacer un solo movimiento sospechoso o te mataremos.
Hice como me indicaron y Salí al exterior. Inmediatamente me ordenaron tirarme al suelo. Cuando lo hice un funcionario corrió y me puso su arma apuntándome la cabeza y otro me esposo con las manos en la espalda, luego entraron en el rancho y sacaron papeles escritos por mí. Nada de importancia, luego me llevaron al reten del Marite, en una camioneta f-100 color blanco, que tomo por la vía de Tule. Me trasladaron esposado a un tubo que servia para el caucho de repuesto en el vagón de la camioneta. En el camino se detuvieron para tomarme fotos. A los tres días me fueron a buscar y me llevaron al cuartel de la DIM; una casa quinta, ubicada en el sector las delicias. En esta estaban dos wayuu jóvenes, un hombre y una mujer, los dos me miraron burlones. Los conocía, eran del partido COPEI y trabajaban para la DIM
Te los presentamos para que veas que no todos los wayuu están contigo, ni aprueban lo que estas haciendo.
Según el jefe de la DIM, la orden de detenerme llego de Caracas, pero por presiones desde Maracaibo. El gobierno regional había cumplido su palabra dada en el consulado de Guatemala. Con esta detención lograron
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refiriéndose a mí. Pero a pesar de sus palabras se sentó a negociar conmigo. Como quedo reseñado en foto de primera plana en el diario panorama.
En la negociación con el gobernador, denuncie públicamente el engaño y la demagogia oficial. Solicite planes de viviendas para yukpas y wayuu. El embaulamiento de una cañada en la comunidad indígena Etnia Guajira, la cual era un foco de infecciones que causaban mortalidad infantil.
La toma finalizo sin ningún acuerdo y si con muchas amenazas contra mi persona. Esto lo vas a pagar caro me dijo el gobernador al despedirse. Una madrugada cuando dormía en mi rancho me llego el cumplimiento de esta amenaza. Mi mujer me despertó sobresaltada. Teodoro, Teodoro, despierta hay hombres armados rodeando el rancho. ¿Qué son wayuu o alijunas, (no indígenas)? Pregunte. Al momento me llego una voz desde afuera que grito, Teodoro salga con las manos en la nuca y caminando lentamente. ¿Quiénes son ustedes? Pregunte. Dirección de Inteligencia Militar (DIM.), ¿Cómo puedo estar seguro que son lo que están diciendo? No tienes otra alternativa. O sales o vamos por ti y será peor para ti. Esta bien, voy a salir con las manos en la nuca y lentamente. Cuídate de hacer un solo movimiento sospechoso o te mataremos.
Hice como me indicaron y Salí al exterior. Inmediatamente me ordenaron tirarme al suelo. Cuando lo hice un funcionario corrió y me puso su arma apuntándome la cabeza y otro me esposo con las manos en la espalda, luego entraron en el rancho y sacaron papeles escritos por mí. Nada de importancia, luego me llevaron al reten del Marite, en una camioneta f-100 color blanco, que tomo por la vía de Tule. Me trasladaron esposado a un tubo que servia para el caucho de repuesto en el vagón de la camioneta. En el camino se detuvieron para tomarme fotos. A los tres días me fueron a buscar y me llevaron al cuartel de la DIM; una casa quinta, ubicada en el sector las delicias. En esta estaban dos wayuu jóvenes, un hombre y una mujer, los dos me miraron burlones. Los conocía, eran del partido COPEI y trabajaban para la DIM
Te los presentamos para que veas que no todos los wayuu están contigo, ni aprueban lo que estas haciendo.
Según el jefe de la DIM, la orden de detenerme llego de Caracas, pero por presiones desde Maracaibo. El gobierno regional había cumplido su palabra dada en el consulado de Guatemala. Con esta detención lograron
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gobierno regional del comandante Arias Cárdenas. La comisión estaba integrada por el mayor Eber Salas y Jean Carlos Dimartino.
Eber Salas era el jefe del servicio de emergencia 171. El caso finalizo felizmente, el gobernador ordeno una ayuda a la familia del herido para los gastos de la operación y para la misma familia. También el gobernador nos dio una audiencia solicitada por el mismo. Pues quería conocer el caso de manera personal. La entrevista fue en la residencia oficial.
Le siguió la toma del palacio Arzobispal con la retención de clérigos y empleados del palacio. El Arzobispo en ese tiempo era monseñor Ovidio Pérez Morales.
El caso se negoció con el canciller del arzobispado. Fueron cerradas puertas y ventanas. No se le dio entrada a la prensa; esta toma del palacio arzobispal fue con el objetivo de obligar a la iglesia a mediar a favor de los buhoneros y carretilleros. Poner fin a los desalojos y atropellos del alcalde Manuel Rosales, a quien denuncie desde la toma del consulado de Colombia. Una vez mas le toco a Jean Carlos Dimartino mediar para la entrega del palacio arzobispal. Hubo dialogo telefónico entre la alcaldía, el palacio arzobispal y el gobierno regional y se acordó suspender los desalojos.
Salí de esta nueva lucha con una reflexión. No podía seguir una lucha de puras tomas; no había condiciones de finanzas, la institucionalidad me odiaba y rechazaban mis métodos; de un momento a otro tomarían medidas severas contra mi persona.
Es claro que con la causa indígena nadie estaba dispuesto a colaborar, y mucho menos cuando sobre mi corrían todo tipo de cuentos, chismes y rumores, unos verdaderos y otros inventados.
Cuentan que desde el destacamento veinte y uno de la policía regional, rescate un preso cuando me presente vestido de cura.
Que vivía con dos wayuu que eran hermanas.
Invite a una reunión para anunciar que cambiaria de forma de lucha pero tenia que encontrar la mas conveniente.
Pasaron meses luego de la ultima toma, en este tiempo me dedique a enseñar a leer y a escribir. Visitar las Yonnas y a tratar de que mi familia wayuu entendieran la lucha y los porque.
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Un día viendo el noticiero, trasmitieron una noticia sobre un levantamiento armado de indígenas y campesinos en Chiapas México. Las causas de este levantamiento fueron las mismas causas por las que yo estaba luchando; pobreza injusta, mortalidad infantil, hambre y enfermedades. Ellos eran indígenas Mayas que se habían organizado en el EZLN Ejercito Zapatista para la Liberación Nacional. Habían tomado la ciudad de San Cristóbal de la Casas. Los pueblos de Ocucingo, San Andrés de las casas y Aguas Calientes, tenían su cuartel general en la selva de La candona.
La noticia me impacto porque se trataba de un autentico movimiento revolucionario indígena. Me propuse a buscar mas información sobre ellos, buscando una inspiración para mi lucha.
En Caracas contacte con Carlos D el Vequio, un revolucionario comunista que copiaba y vendía películas de todos los movimientos revolucionarios. El primer video del EZLN fue la toma de San Cristóbal de las casas. La convención nacional indígena de Aguas Calientes; En este video decía un indígena Zapatista, la sociedad civil Mexicana dice de nosotros los indios, que somos unos borrachos brutos, que no tenemos capacidad para organizarnos, ni para hacer nada de importancia. Nosotros hemos construido una ciudad sin ayuda del gobierno, la herramienta y la maquina. Hemos hecho todo esto para demostrar a toda la sociedad civil mexicana y a América Latina y al mundo que la dignidad esta en nosotros, los mas pobres.
Estas declaraciones del indígena revolucionario frente a las cámaras para mi fueron como la luz que me alumbraría el camino para proponer una insurrección indígena en el Zulia.
El 11 de Octubre de 1.994, convoque a una asamblea indígena de representantes de los cuatro grupos étnicos: wayuu, Bari, Yukpa y Añu. En esta hice una reflexión sobre la problemática de los marginados e indígenas en el cinturón de miseria; luego hable de todas las diligencias ante los entes oficiales en búsqueda de atención a esta problemática. De las denuncias hechas, de las marchas y tomas. Así como de las respuestas, primero demagógica y luego represiva del gobierno. Que entendía que todos mis recursos estaban agotados, tanto legales como ilegales, todas las puertas están cerradas, que no veía otro camino para la liberación, que el de las armas.
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Mi propuesta fue la de crear un movimiento indígena para la lucha armada de liberación, tomando como modelo el EZLN. Propuse la creación del M.G.L.N., Movimiento Guaicaipuro por la Liberación Nacional. A esta asamblea asistieron Manuel Aristón por los Bari, Segundo Romero por los Yukpas, el gallo de Sinamaica por los Añu, Manuel Aristomba por los Bari (motilones). La asamblea se dividió en dos grupos. Los que estuvieron de acuerdo y los que no aprobaron esta propuesta. Los que si convenimos en fundar el M.G.L.N., celebramos la fundación del movimiento rebelde.
Me guiaba la mejor de las intenciones. Pero un movimiento como este no hace nada de la noche a la mañana, tan solo como desearlo. Yo era un romántico, un soñador ingenuo, con muchas fantasías en la mente, un pichón de revolucionario y un inmaduro en la política, pero así se empieza. Luego se va adquiriendo la experiencia y la madurez. El caso que este movimiento, si, así se podía llamar aquello nacía en unas condiciones muy adversas, por una parte la falta de conciencia y sensibilidad; el analfabetismo, la imposibilidad de interpretar la realidad en que se vive. Con esos factores no existe revolución que pueda triunfar, todo esfuerzo es inútil, es tragado por la corrupción, la viveza criolla, los intereses mezquinos y personales. Así es, que pretender fundar un movimiento revolucionario armado en estas condiciones, era una soberana locura. Los marginados y aun más los wayuu no entenderían los porque de una insurrección, pues en su inconciencia entendían las condiciones de inhumanidad en que viven como normales, lo cual no es forma de entender la realidad solamente del wayuu.
Es la misma de todos los cinturones de miseria en Venezuela. Si no fuera así. Motivos nunca han faltados para una insurrección nacional de la marginalidad venezolana, por las condiciones de indignidad en que históricamente hemos vivido.
Para mi, la insurrección indígena, campesina y de la marginalidad zuliana era “un sueño de libertad”, dignidad y paz con justicia social. Me veía en mis sueños capturando al gobernador Rosales, para juzgarlo por enriquecimiento ilícito, rescatando la bandera zuliana del palacio del gobierno, mil veces mancillada por la injusticia, devolviéndosela a las mayorías marginadas.
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